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Entrenamiento en hipoxia, ¿es efectivo?

Foto:Entrenamiento en hipoxia

El interés por la hipoxia (o entrenamientos en altura) no es algo nuevo, y esta técnica lleva muchos años siendo utilizada y estudiada: desde el comienzo de la aviación y el afán del hombre por llegar a cimas cada vez más altas, hasta su uso en el ámbito competitivo. En los años 50, por ejemplo, un grupo de patinadores de velocidad soviéticos siguieron con este entrenamieno para mejorar sus actuaciones.

Años más tarde, para los JJOO de México 68, la altitud de la capital, superior a los 2200 mts, llevó a muchos países a la creación de centros de entrenamiento en altura. Esta técnica sigue siendo utilizada entre los deportistas de alto rendimiento y además en personas no deportistas que quieren mejorar su salud.

La técnica de hipoxia

Según cuenta el kinesiólogo del Centro de Entrenamiento Funcional, Alonso Niklitschek, “la hipoxia consiste básicamente en simular el entrenamiento en altura, lo que conlleva una menor concentración de oxígeno que a nivel del mar, produciendo una serie de adaptaciones fisiológicas, entre las cuales está el aumento del conteo y tamaño de las mitocondrias. Es decir: el cuerpo se hace más eficiente en procesos metabólicos, cambios que se condicen con un aumento en el rendimiento deportivo”.

El especialista explica que se suele realizar de dos maneras: con cámara de hipoxia o con mascarilla, siendo la última más específica para cada individuo, ya que se ajusta a cada persona.

Entre los beneficios de la hipoxia está el mejoramiento de la resistencia aeróbica, la tolerancia a la fatiga, la recuperación post entrenamiento y la calidad del sueño para los deportistas. Pero si incluso no lo somos, este tipo de entrenamiento otorga otros beneficios útiles como ayudar a la pérdida del tejido graso, mejorar la hipertensión arterial, controlar la resistencia a la insulina y diabetes.

Su eficacia

Según un estudio realizado por profesionales del departamento de fisiología e inmunología de la facultad de biología de la Universidad de Barcelona, y del Instituto Nacional de Educación Física de Cataluña (INEFC), “un protocolo de entrenamiento de fuerza resistencia (12 sesiones en cuatro semanas) de las extremidades inferiores en altitud simulada podría mejorar el índice de recuperación de la frecuencia cardiaca en comparación con el mismo entrenamiento realizado a nivel del mar”.

Resultado del que ha sido testigo el trail runner y entrenador Roldolfo Díaz, quien en varias oportunidades ha recurrido a la hipoxia para el mejoramiento de su capacidad física. Ante esta técnica explica que si el proceso se realiza bien, se puede mejorar el rendimiento, pero hay que tener mucho cuidado ya que de no manejarlo bien se corre el riesgo de sufrir una sobrecarga, de la que cuesta recuperarse.

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