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Cabeza de corredor: lo que nadie te va a contar sobre esta “psicopatía”

Cabeza de corredor, ¿a qué me refiero? Cuando nos convertimos en corredores, nos sometemos a grandes cambios. Y, créanme o no, los cambios más importantes están muy lejos de ser los que ocurren en nuestro cuerpo

Por Marcos Caetano, cronista deportivo

Claro que suceden, sí, y es genial como mejora nuestra salud, aumenta nuestra longevidad, liberamos endorfinas, etc, etc, etc. Pero eso ya lo escuchamos de todos los entrenadores, lo leímos en todas las revistas y lo vimos en la tele.

Esa es la parte más obvia, lógica y, tal vez, la que nos llevó a elegir, de manera racional, el running como actividad deportiva. Sólo que el running trae consigo algunos efectos colaterales que nadie te va a contar.

Son aspectos poco comentados, pero bien significativos. Ningún corredor honesto te lo podrá negar, si se lo preguntas. Pero no vas a leer sobre eso en ningún lugar; bueno, ahora lo vas a leer aquí.

La cosa es así: nadie que comienza a correr volverá a ser normal algún día. Simplemente acéptalo: vas a quedar medio raro, diferente, y no hay escapatoria para eso. Pero no te preocupes, porque esos síntomas no son tan graves y jamás serán capaces de obstaculizar tu vida personal o tu carrera profesional. Al menos, no mucho.

Ahora les daré algunos ejemplos de cómo trabaja la cabeza del corredor, de la forma más bizarra. Quienes ya corren hace un buen tiempo, se identificarán inmediatamente. Los novatos entenderán que se convirtieron en corredores de verdad cuando comiencen a actuar y a pensar de esa manera tan loca. 

Primer ejemplo: los corredores tienen manía, casi tics, de estiramiento. Siempre les está doliendo algo y, aunque nada les esté molestando, se las arreglan para estirar los brazos por detrás de la cabeza, girar la punta de los pies en el piso para soltar los tobillos y hasta hacer pequeñas sentadillas.

Todo eso, sin fijarse el lugar en el que están. Los estiramientos pueden tener lugar perfectamente en una reunión de trabajo, en el cine, en un museo, en el consultorio o hasta después de tener sexo. Son cosas “normales” de corredor.

Cuando cualquier persona normal llega a un ciudad desconocida, mira por la ventanilla del taxi y busca puntos turísticos o informaciones sobre cómo viven las personas del lugar.

Los corredores, en cambio, están atentos al paisaje, buscando un buen parque para correr, y pretenden calcular (mentalmente o con la ayuda de aplicaciones) posibles distancias que podrían ayudar en los entrenamientos.

Si necesitan rodar 10K ese día y se dan cuenta que del hotel al aeropuerto hay 5 kilómetros de diferencia, es más que probable que intenten hacer más tarde el recorrido hotel-aeropuerto-hotel.

 

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Si llegan a un parque, en vez de hacer preguntas sobre el horario de funcionamiento, las atracciones o las opciones gastronómicas, sólo quieren saber a cuántos kilómetros se corresponde una vuelta entera al mismo.

Las personas no entienden y hasta reaccionan con espanto con ese tipo de preguntas: la salida es preguntarle a otro corredor. Ese loco seguro que va a saber responder, con precisión de metros.

Ni preciso decirles que el corredor le da una importancia anormal a la topografía y a la humedad. Si una ciudad es “plana” y con humedad baja, va a ser siempre una ciudad espectacular. Si tiene muchas cuestas o es demasiado húmeda, por más que sea Nápoles, San Francisco o el Monte Saint-Michel, un auténtico corredor siempre la va a considerar “chafa”. 

Los corredores también se preocupan demasiado con los pies de las personas. Les encanta hablar de uñas, ampollas y medias. Se fijan en el tamaño de la pantorrilla, intentan adivinar cuánto calza el otro y, sobre todas las cosas, aman observar los tenis que sus amigos usan, conocen todas las marcas y modelos…

Y así, no se vuelve extraño que, al ver a un amigo usando determinado modelo (aunque sea sólo como pieza de moda), el corredor venga con esa plática de pronador o supinador para un tipo que no entiende nada de lo que le están hablando… Eso puede generar cierto malestar.

Cabeza de corredor, para divertir y divertirse

“Antonio, me estaba fijando en tus pies… me gustaría saber si eres pronador o más tirando a supinador…”. Una conversación de esas, donde yo nací, puede acabar a balazos. Pero los locos corredores ni se tocan.

Entonces, preciado lector, estimada lectora, si quieren embarcarse en el extraño mundo de los corredores, garantizo que se van a sentir mejor, se divertirán como nunca, y van a divertir a quienes conviven con ustedes.

Por otro lado, si leen Activo Chile sólo por curiosos, sepan entender a los amiguitos que adoptaron el running como estilo de vida. Ellos no están locos. Sólo desarrollaron una psicopatía llamada “cabeza de corredor”. No es nada grave, pero puede ser contagioso si deciden ponerse los tenis y meterle kilómetros.

 

*Columna publicada en Ativo Brasil

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