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Obligada a drogarse para competir: El TAS falló contra Semenya

Foto:Caster Semenya fue "humillada" por el TAS.

La sudafricana Caster Semenya, doble campeona olímpica en 800 metros (ganó en Londres 2012 y Río 2016), lleva una década luchando aún más intensamente fuera de la pista que dentro de ella.

Desde 2009 se cuestiona a nivel internacional su condición de mujer, por haber nacido sin útero ni ovarios, y con testículos internos, lo que provoca que su organismo produzca niveles altos de testosterona, una hormona a la que la IAAF y el COI otorgan un protagonismo excesivo a la hora de explicar resultados deportivos o, directamente, a la hora de discriminar y anular la diversidad.

Caster Semenya: El fallo

El TAS rechazó el reclamo de Semenya, que se rebeló ante la normativa de la IAAF que establece límites máximos para la presencia de la hormona entre quienes quieran ser parte de competencias femeninas oficiales (un límite que, ya se sabía de antemano, Semenya excedía).

Ante este revés, a la sudafricana le queda como única opción someterse a tratamientos médicos para bajar el nivel de hormonas en sangre.

Peligro inminente

Y aquí está uno de los puntos más polémicos (cuando no indignantes) del fallo, ya que el propio tribunal pone en duda la posibilidad de seguir adelante con un tratamiento de este tipo, con efectos secundarios que no han sido lo suficientemente estudiados.

O sea: empujan a las atletas a un tratamiento cuyas consecuencias médicas ignoran.

Encima, deberían hacerlo inmediatamente, ya que para competir, por ejemplo, en el mundial de atletismo en Doha, deberían presentar las primeras muestras de sangre con los niveles permitidos de testosterona el 5 de mayo, dentro de tres días.

Aunque el TAS reconoce la propia medida como discriminatoria, y le señaló a la IAAF la necesidad de cambiar algunos aspectos de su reglamento, increíblemente menciona a esta discriminación como “necesaria, razonable y proporcionada para el objetivo de la IAAF de preservar la integridad de las atletas”.

¿Hay ventaja?

Aunque durante décadas se sostuvo que la presencia de un alto nivel de testosterona es suficiente para determinar una ventaja ilegal en alguna atleta que quiera competir entre mujeres, lo cierto es que no hay suficiente evidencia científica que sostenga esta afirmación.

Como sostiene el libro Antropología del deporte, el 5% de la población mundial se encuentra por fuera del rango establecido por las organizaciones deportivas.

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Los estudios

Incluso, un estudio llevado adelante entre 693 atletas de elite en 2014 encontró que un 16,5% de los varones se encontraba dentro del rango considerado femenino, mientras que un 13,7% de las mujeres estaba dentro del rango considerado masculino.

Además de señalar esta variedad en la presencia de la hormona, los especialistas cuestionaron el foco puesto en la testosterona como elemento clave para analizar un resultado deportivo, ya que no hay evidencia que indique que atletas con un nivel mayor de esta hormona sean los que efectivamente consigan mejores resultados.

Las críticas

Las investigadoras Katrina Karkazis (antropóloga y bioeticista) y Rebecca Jordan-Young (bióloga y especialista en estudios de género) criticaron este supuesto de que las hormonas androgénicas son los componentes primarios de la ventaja biológica, y señalaron algunas brechas en la “ciencia de la testosterona”:

  • Casi toda la investigación sobre testosterona y atletismo se realizó en varones.
  • La mayor parte de la investigación se enfocó en no atletas no saludables con desórdenes de testosterona.
  • Los estudios clínicos muestran que la testosterona ayuda a aumentar el tamaño muscular, la fuerza y la resistencia, pero no hay evidencia que indique que los atletas exitosos tienen niveles de testosterona más elevados que los atletas menos exitosos.
  • La testosterona es apenas un elemento dentro de un complejo sistema de retroalimentación neuroendócrina, y por consiguiente es tan probable que afecte el desempeño atlético como que esta se vea afectada por él.

Otras preguntas, no menos importantes que todo lo anterior, que se hicieron las investigadoras son: ¿la testosterona endógena en verdad confiere ventaja atlética de una manera predecible? Si existiera esa ventaja, ¿sería injusta? Después de todo, ocurriría naturalmente, del mismo modo que una capacidad pulmonar inusual, unas extremidades muy largas o unos músculos más desarrollados que lo habitual.

En definitiva: mientras que se celebran ciertas características físicas, ciertas capacidades excepcionales que los atletas tienen respecto de la población común, se penaliza y se prohíbe una condición hormonal no deseada ni buscada, y se expulsa del deporte a quienes hayan nacido con ella si no se someten a tratamientos cuyas consecuencias para la salud se desconocen.

Incluso la ONU se manifestó en su momento contra estas reglas, ya que potencialmente violan las leyes de derechos humanos, y las calificaron de “humillantes y dañinas”.

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