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Gabriel Rueda: “No creo que sea bueno corriendo”

Foto:Gabriel Rueda, en su habitat natural

En la noche patagónica, mientras prepara la cena luego de un día de doble entrenamiento (el propio y el del grupo que conduce), Santos Gabriel Rueda atiende el teléfono de su casa. En la tonada, un reflejo de su ser: la mezcla entre lo que trajo de Salta y lo que incorporó en todos estos años lejos de allí. En él se combinan extremos: el sur y el norte; el ingeniero nuclear y el corredor de montaña; el competidor que se mide con los mejores del mundo y el tipo que sólo corre por hobby.

Instalado en la elite del trail running nacional desde su aparición rutilante hace un par de años, viene de salir segundo en los 130 kilómetros de la primera edición de Ushuaia by UTMB y se prepara para ir al Mundial de Ultratrail, que se llevará a cabo el 8 de junio en la Ultra Trilhos dos Abutres, que se corre en Miranda do Corvo, Portugal.

Nacer de un pueblo muerto

La familia Rueda era de las pocas que se afincaban en el paraje El Candado, una ínfima localidad en la provincia de Salta, lejos de todo. “Creo que quedaba hasta hace poco una sola familia, que cuidaba la finca de la zona”, duda Gabriel sobre la actualidad de su lugar de nacimiento. Lleva más de diez años sin poder ir. Lo intentó en una visita reciente a Salta, pero la crecida del río Bermejo le impidió ir a sacar algunas fotos de lo poco que queda allí, incluyendo la escuela, cerrada hace años por falta de alumnos.

Como contó en una entrevista reciente, fue su madre la que supo primero que no había futuro posible allí, y por eso motivó a sus hijos a irse a estudiar a pueblos cercanos, como Aguas Blancas, donde finalmente se trasladaría la familia completa.

Gabriel Rueda, antes matemático que corredor

Aunque no parezca, ese es el primer movimiento que acercó a Gabriel al trail running. Pero para eso faltarán años, ya que las primeras competencias serias de su vida se dieron en las Olimpiadas de matemáticas, un área que lo fascinó desde chico (“me atrajo el desafío de la resolución de problemas complicados”).

– Mi primer viaje fue a Córdoba, y llegué porque me ayudó el pueblo de Aguas Blancas. Los carreros me daban de a veinte pesos, hasta que llegué a juntar los cuatrocientos que necesitaba para el viaje y el alojamiento. Estuve como dos meses para juntar eso. Ahora estoy en la misma situación, pero necesitando como cincuenta lucas para poder ir a Portugal para correr el mundial. De la CADA no hay nada y es un bajón.

– ¿Te saca entusiasmo eso?

– No, pero sí tiempo para dedicarme a entrenar. Es algo que uno no está acostumbrado a hacer y no me sé manejar en ese ámbito. Pero todos están así, la situación en general es así… Sé que muchos corredores dijeron que si no hay ayuda prefieren no ir, pero creo que eso no es una solución. Sería muy fácil para mí decir “fui el campeón argentino en Córdoba, así que si no me dan los pasajes, no voy”. Creo que se va a poder conseguir e iré.

– El tema del financiamiento es complicado también en tu trabajo de investigador, ¿cómo vivís la actualidad de la ciencia en Argentina?

– Es otro ámbito complicado en estos últimos tres años. Se notó una baja muy grande en el presupuesto de apoyo a los proyectos y los laboratorios. Hubo un recorte bastante amplio. Eso desmotiva, porque no podés hacer algunas cosas: si querés hacer ensayos con insumos de primera calidad para que salgan bien, te las tenés que rebuscar con algo más sencillo. Atrasa a la ciencia y a la dedicación que uno le puede dar a eso.


Gabriel Rueda (Facebook)

El origen del corredor

Mientras estudiaba Ingeniería, Gabriel fue resignando la actividad física. Ya no pescaba ni encaraba grandes caminatas como en su pueblo, y tampoco jugaba al básquet, que fue su primer deporte. Subió de peso y un día se decidió a cambiar su realidad.

– Quería hacer una actividad al aire libre y correr es lo más completo y barato que hay, así que fui para ese lado. Al comienzo me cansaba mucho, pero agarré estado rápido y comencé a disfrutar.

– ¿Cuándo te diste cuenta de que eras bueno?

– No creo que sea bueno.

– ¿No? Pero si vas a competir en un mundial, tenés que ser bueno…

– (Ríe) Justamente, cuando voy a correr a un mundial me doy cuenta de que no soy bueno. Creo que siempre depende de con quién te comparás. Es algo muy subjetivo.

– ¿Con quién te comparás?

– Con los mejores del mundo. Y no soy bueno en esa comparación. Sos bueno o no dependiendo de con quién te comparás. Yo me comparé con ellos desde el principio. Antes estaba muy, muy lejos, y ahora estoy un poco más cerca, pero no tanto. Sigo estando a dos horas del primero en un mundial, y es un montón.

– ¿Te pesa eso?

– No, porque sé que los chabones tienen condiciones diferentes y una mezcla de cosas: una sponsorización más firme, dedicación exclusiva, talento, y le dedican un montón de tiempo. Combinando todo eso, es obvio que te van a sacar mucha diferencia. Creo que corren con ventaja.

– No te considerás bueno, pero comenzaste a subirte a podios poco después de comenzar a correr, ganándole incluso a gente que llevaba años en esto, ¿no te sorprendió eso?

– Creo que en Argentina, si le ponés un poquito de tiempo y dedicación, te tiene que ir bien. Todos somos muy amateurs, estamos bastante en la misma. Por un lado, está bueno eso, porque estamos en igualdad de condiciones: todos tenemos nuestros laburos de lunes a viernes y tenemos que ir a laburar el lunes posterior a la carrera. Largamos igual. Por eso, creo que al que le dedique un poco más de tiempo le va a ir bien.

– ¿Qué tan competitivo sos?

– Poco. Correr es un hobby. La gente cree que voy a las carreras a ganar, pero a mí en realidad me gusta correr bien y sale el resultado que sale. No me hago mucho drama con eso. Es más, he compartido muchos podios sin ningún problema. Algunas veces yo les he propuesto a otros corredores hacerlo, y también me lo propusieron a mí, y no tuve problema. En 2015, faltando un kilómetro para llegar en una “North Face” de cincuenta kilómetros, alcancé al puntero. Era mi primera carrera fuerte. Me le pegué al lado, nos miramos, y le pregunté si quería que llegáramos juntos. Yo venía de atrás, con ventaja, pero llegamos juntos y para mí fue un resultado zarpado.

– ¿Tenés algún rincón con medallas y trofeos en tu casa?

– No, está todo medio tirado por algún lado. Las medallas de finisher las tengo en una bolsa que debe pesar como diez kilos. Alguna que otra colgué, reservo las que son particulares, como las de 4 Refugios y alguna otra. Siempre trato de mirar más para adelante, no me detengo en lo que fui haciendo, no es algo a lo que le preste atención. Voy más para adelante que para atrás.

– No las guardás para tu vieja, tampoco

– No lo había pensado. Creo que a mi vieja le da más felicidad que la vaya a ver un día que un pedazo de metal. Por eso, siempre que puedo, aprovecho y la veo. Mi familia no le da tanta importancia a algo así.

– Dijiste que te gustaría llevarla a alguna carrera para que te vea correr

– Me gustaría llevarla, sí, y creo que este año se va a dar. En el pueblo nunca hubo una carrera, ni siquiera a 200 kilómetros a la redonda. No hay trail, running ni nada. No dimensionan la magnitud, yo creo que se imaginan que les gano a mis amigos y corremos en el barrio, algo así.

El salteño patagónico

Gabriel Rueda siempre recuerda con cariño su infancia, en la que no le sobraron comodidades, pero tampoco le faltaron aventuras y aprendizajes. Sin embargo, los principales aspectos de su vida actual nacieron muy lejos de Salta, en Bariloche, donde se convirtió en ingeniero y corredor. Ve a su familia dos veces por año, y se enfrenta a la ambigüedad de ser extranjero en la tierra en que nació.

– ¿Te hallás cuando vas?

– Me siento local, pero de a ratos un poco visitante, porque extraño lo que tengo acá, en Bariloche: la posibilidad de hacer actividades. Siento que el entorno de acá me ayuda a hacer muchas cosas todo el día, es todo más propicio para salir a pedalear, ir a remar al lago, nadar, pescar.

En Salta todo eso es más difícil, está todo más lejos. En Aguas Blancas nunca pude correr: no hay senderos, la ruta no tiene banquinas y es peligroso. Y hace mucho calor. Correr allá está difícil. Todas las veces que he ido, quise entrenar, pero me doy cuenta de que no se puede. Por ese lado, me siento más local acá, por todas las actividades que puedo hacer.

– Las cosas que hoy te definen las creaste en Bariloche…

– Sí, eso también. Mucha gente me ha escrito por Instagram enojada, diciéndome cosas como “vos sos salteño, no tenés que decir que sos de Bariloche, no defendés tu tierra”. Con varios me he agarrado. De mis compañeros de chico, la mayoría tiene uno o dos hijos, casi ninguno se recibió y algunos laburan contrabandeando mercadería entre Bolivia y Argentina. Si me quedaba en Salta, capaz que terminaba así. Hoy, ni correría ni haría nada de lo que hago.

Mucho de lo que soy lo terminé formando en la Patagonia, por eso me siento muy agradecido con este lugar. No por eso voy a dejar de querer a Salta, porque me siento muy adentro de su cultura, de su comida, su música. Agradezco el haberme venido a hacer otras cosas.

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